En Sáchica, Boyacá, el proyecto pedagógico de Libia Romero refuerza la identidad cultural y los valores de convivencia, mientras se acrecientan las habilidades de lectura y escritura creativa de los niños y niñas que escuchan y reescriben relatos orales populares.

Abuelos y estudiantes tejen historias de espanto para la convivencia social

Libia Romero, líder del proyecto Cuenta mi Abuelito
En Sáchica, Boyacá, el proyecto pedagógico de Libia Romero refuerza la identidad cultural y los valores de convivencia, mientras se acrecientan las habilidades de lectura y escritura creativa de los niños y niñas que escuchan y reescriben relatos orales populares.

Libia Romero, líder del proyecto Cuenta mi Abuelito, con sus estudiantes. Fuente: Archivo personal de Libia Romero

Con cuánta buena nostalgia recordamos las historias de nuestras abuelitas y de los mayores del pueblo, aquellas narraciones que sabemos pasaban de boca en boca a lo largo del tiempo y que nos llenaban de miedo sin que nos dejaran de encantar y ofrecer aprendizajes. La maestra Libia Romero conoce esa experiencia en cuerpo propio. Dice que los abuelos y abuelas son pozos inagotables de sabiduría y no pierde oportunidad para relatar a sus alumnos los cuentos de su abuelo. Y los niños y niñas… pues también quisieron empezar a contar.

Así surgió, hace varios años en Tunja, Boyacá, el proyecto Cuenta mi Abuelito. Actualmente se continúa en la Institución Educativa Nueva Generación del municipio de Sáchica. La propuesta pedagógica de Libia se dirige a tres puntos fundamentales: desarrollar y afianzar habilidades de comunicación en lectura y escritura, reforzar la identidad cultural y adquirir valores fundamentales de convivencia social y familiar.

Para la docente fue de alta relevancia establecer estos tres objetivos, puesto que en su práctica pedagógica encuentra que los estudiantes llegan a las aulas con dificultades y desinterés por la lectura y la escritura, fuertes problemas familiares, cuadros de mala alimentación y precariedad económica, carencia de valores para la integración social. Así que el vínculo con los y las mayores de la familia, el conocimiento de historia y valores de la propia comunidad, y el despertar de la creatividad en la escritura y el arte constituyen la vía para alcanzar la transformación que espera el sistema educativo de Boyacá.

A lo largo de los años, las actividades y acciones didácticas en Cuenta mi Abuelito se han modificado, ampliado, redefinido y, en fin, optimizado. Hoy el proyecto cuenta con cuatro fases principales, emotiva y significativamente tituladas. Veamos.

¡Qué rico leer!

Los niños y niñas manipulan y leen textos de diverso género: enciclopedias, cuentos, mitos, leyendas. Este es un primer acercamiento libre a la experiencia de la lectura y la escritura que, luego, la maestra acrecienta. Lee en voz alta, con entonación emotiva y pautas adecuadas, con lo que genera interés y expectativa. Indudablemente, se despiertan las ganas de escuchar, leer y saber.

¡A buscar información!

Ya las niñas y niños están estimulados, se desató la curiosidad que hace a los humanos buscar más de aquello que empezamos a conocer. Hay en sus casas y alrededores un hermoso cofre de tesoros insospechados: la sabiduría de las abuelitas y abuelitos. Ellos relatan, a solicitud de sus nietos y nietas, cuentos de miedo y espantos; los mezclan con sus propios recuerdos, emociones y comentarios. Los alumnos, entonces, toman apuntes para luego informar en el aula sobre aquello que escucharon.

¡Escribo mi relato!

De nuevo en la escuela, los niños y niñas escriben, reescriben, leen, comentan, analizan, corrigen sus relatos y los de sus compañeros. Es un trabajo cooperativo, guiado y alentado por la maestra, en la que se producen nuevos relatos. ¿Quiénes son los autores de estos cuentos? Los muchachos, las muchachas, las abuelas, los abuelos, la maestra. Es la voz de muchos y muchas, confluyendo en una sola para tejer textos de miedo y espanto que no se perderán con el paso del tiempo, gracias a la bondad de la escritura.

¡Mi cuento en el libro!

En colectivo, se coloca título a los cuentos. Cada niño y niña hace un dibujo para su cuento y escribe la información sobre la persona que les relató la historia inicialmente. Se producen guiones de teatro, títeres, diseño de vestuario, murales, modelado de plastilina y arcilla, carteleras, mapas, danzas. Se refuerza un trabajo colectivo y creativo. Colectivo porque si bien la firma es de cada niño y niña, el informe indica de dónde surge la información. Creativo porque la disposición de las palabras en papel, la creación de la ilustración, la elaboración de materiales y puestas en escena implican la expresión libre de cada quien.

Los resultados son más que obvios: además de desarrollar la creatividad y las habilidades de escritura y lectura, hay un proceso de integración de la familia al proceso educativo. Cuenta Libia, en entrevista para Eduna, que “un día en el barrio Asís Boyacense de Tunja, en una integración con los abuelos, una señora como de 87 años, me abrazó y me dijo ‘Qué bueno sería  si todas las personas nos tuvieran en cuenta, nos valoraran y compartieran como sumercé lo hace, motivando a nuestros nietos para que nos quieran, escuchen y nos respeten’”. También se fortalecen valores fundamentales para la convivencia familiar y social: acercamiento entre generaciones, corresponsabilidad en asuntos de vital importancia, superación o aminoramiento de violencia intrafamiliar, conocimiento de posibilidades de resguardo ante situaciones de agresividad.

Por si fuera poco, hay un logro destacable en lo que se refiere al rescate de la identidad cultural y de la valoración de la cultura popular: la edición de los libros Cuenta mi abuelito I y Cuenta mi abuelito II. Allí están escritas más de doscientas narraciones orales que rescatan y recrean la memoria colectiva de la Colombia campesina. Es el acervo narrativo oral de los mayores hecho palabra escrita gracias a la imaginación, la creatividad, la magia y fantasía de la que nos habla Vygotsky (1983), autor en el que Libia Romero fundamenta su proyecto.

Víctor Montoya dice, en “El origen de los cuentos” (2002), que los adultos de todos los pueblos del mundo tienen la necesidad de transmitir su sabiduría a los más jóvenes para conservar tradiciones, idioma, normas ético-morales, encarnadas en personajes que emergen de la fantasía popular. Cuenta mi Abuelito es clara muestra de este afán moralizante, en muchos casos acompañado de un sencillo humor. “Creo yo que la narración de la tradición oral, específicamente cuentos de miedo y espantos, psicológicamente hablando les da bases para ir diferenciando el bien y el mal, porque todas al final dejan un mensaje que ellos analizan y argumentan”, también nos explica la maestra Libia.

Ella ha vencido diversas dificultades para llevar adelante su proyecto pedagógico, pero siente satisfacción por los frutos de su esfuerzo. Dice claramente en su artículo “Encontrar alternativas de motivación hacia la lectura y la escritura en la escuela” (2014) que la experiencia con Cuenta mi Abuelito le ha servido para mejorar su quehacer docente, renovar sus actuaciones, apoyarse más en sus estudiantes, padres de familia, compañeros y directivos de manera positiva. Pero, la mejoría en las habilidades comunicativas de los estudiantes en medio de un proceso de rescate de memoria colectiva, bien vale la pena.

Iraima Mogollon


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